Investigación del sociólogo italiano fue premiada a nivel internacional
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Padres de familia apoyados por alumnos de la Normal de Ayotzinapa protestaron en Iguala, donde exigieron la presentación con vida de los 43 estudiantes desaparecidos en septiembre de 2014Foto Sergio Ocampo
Fernando Camacho Servín
Periódico La Jornada
Domingo 28 de enero de 2018, p. 6
La desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa representó para buena parte de la sociedad mexicana un trauma cultural colectivo en el cual muchas personas tomaron consciencia, de manea abrupta, de la condición de vulnerabilidad de los normalistas, pero también sobre la propia, lo cual ayudó a generar redes de empatía y solidaridad.
El sociólogo italiano Tommaso Gravante, investigador del Laboratorio de Análisis de Organizaciones y Movimientos Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, informó lo anterior y puntualizó que la influencia de este fenómeno no termina y que podría generar cambios importantes en el país en los años venideros.
Gravante fue uno de los cinco ganadores de la séptima competencia mundial para jóvenes sociólogos, organizada por The International Sociological Association, con la investigación Desaparición forzada y trauma cultural en México. La construcción de una nueva narrativa social a partir del Movimiento de Ayotzinapa.
En entrevista, el académico explicó que el eje de su investigación fue la pregunta: ¿qué es lo que llevó a miles de personas comunes y corrientes, sin experiencia política previa, a movilizarse en solidaridad con los padres de los 43, pese a la campaña de estigmatización en su contra?
Tras decenas de entrevistas con manifestantes –sobre todo jóvenes–, Gravante descubrió la existencia de un sentimiento de miedo colectivo por lo ocurrido a los normalistas, pero también por la sensación de que cualquier persona está expuesta a sufrir una atrocidad similar.
La desaparición de los 43 ha representado un trauma cultural para la sociedad mexicana. Es un punto de ruptura, porque los estudiantes de Ciudad de México y sus padres sienten miedo de que les pase lo mismo, y sobre este miedo han construido una empatía y una solidaridad que ha permitido romper la estigmatización de clase en contra de los normalistas, puntualizó.
La sensación de estar bajo ataque ayudó a humanizar a las víctimas y crear un concepto de nosotros –integrado por los padres de las víctimas, los estudiantes y en general la idea de pueblo–, frente al de ellos, en el cual se encuentran el Estado, los grupos de poder económico y los gobernantes.
Lo que vivieron los jóvenes que entrevisté los ha marcado de por vida, y no sabemos cómo se trasforme después. Nada se pierde, nada se olvida y si alguien dice que en el movimiento de solidaridad con los 43 van menos al Zócalo, no hay que contar la fuerza de un movimiento o una idea en función de los números, sino de los sueños que mueve, subrayó Gravante.
Emir Olivares Alonso
Periódico La Jornada
Miércoles 13 de diciembre de 2017, p. 12
Miércoles 13 de diciembre de 2017, p. 12
El Mecanismo Especial de Seguimiento de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para el caso Ayotzinapa manifestó preocupación ante la falta de celeridad de las autoridades mexicanas para alcanzar conclusiones, tanto en las actividades de búsqueda de los 43 normalistas desaparecidos como en el esclarecimiento efectivo de las diferentes líneas de investigación planteadas por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).
Ayer, la CIDH dio a conocer las conclusiones de dicho mecanismo tras su cuarta visita de verificación al país (27 y 28 de noviembre), en las que lamenta que tres años y dos meses después de los hechos, el paradero de los 43 estudiantes continúe siendo desconocido.
La comisión observa que hasta hoy no hay ningún proceso iniciado por el delito de desaparición forzada y que persiste la fragmentación en algunos aspectos de la investigación, destaca el organismo internacional.
La meta de la visita fue continuar la supervisión del cumplimiento de la medida cautelar y de las recomendaciones del GIEI en el avance de la investigación, la búsqueda de los desaparecidos, la atención integral a víctimas y familiares, y las medidas estructurales de no repetición, así como definir el trabajo del mecanismo, al culminar su plan de trabajo presentado en noviembre de 2016. La delegación estuvo integrada por la relatora para México y coordinadora del Mecanismo Especial de Seguimiento, Esmeralda Arosemena de Troitiño; el secretario ejecutivo, Paulo Abrão, y personal técnico de la CIDH.
Al pronunciarse sobre los avances presentados por el Estado mexicano, el organismo interamericano dijo valorar positivamente la aplicación de la tecnología Lidar (dispositivo que permite determinar la distancia desde un emisor láser a un objeto o superficie utilizando un haz pulsado) en la búsqueda de los estudiantes, así como el inicio de rastreos en campo de las áreas marcadas a través del uso de dicha tecnología. También reconoció los esfuerzos para hacer una base de datos de fosas en el estado de Guerrero, "cuya consolidación aún queda pendiente".
En torno a la investigación, reconoció que se hayan recabado en el expediente indicios claros de que existieron varias rutas de desaparición y al menos dos grupos diferentes de estudiantes, tras su detención,
lo que impone la profundización de determinadas líneas de investigación.
Valoró también el trabajo realizado en telefonía y balística, que posibilitó concluir la participación de una nueva corporación policial en los hechos. “La CIDH insta al Estado a ubicar a varios actores, cuya detención es fundamental para el esclarecimiento de los hechos, y señala la importancia de consignar policías de diferentes instituciones involucrados.
Según la información recibida, está pendiente por esclarecer cómo nueve teléfonos de los jóvenes que tuvieron actividad tras los hechos pasaron de las manos de los estudiantes a las de quienes los detentaron en último término. Como señaló la CIDH anteriormente, estos hechos, aunados a otros elementos de prueba, corroboran la necesidad de descartar la versión inicial que indicaba que todos los teléfonos habían sido quemados en el basurero de Cocula. Adicionalmente, aún no se define plenamente la identidad de actores claves al momento de los acontecimientos.












