miércoles, septiembre 09, 2009

Se suma premio Nobel a lucha por la liberación de presos de Atenco

Pedirá apoyo para exigir a Calderón que ordene excarcelaciones


Durante la visita de Jody Williams, mujeres de Chihuahua, Guerrero y Oaxaca narraron historias sobre abusos y persecución - Foto Jesús Villaseca

Blanche Petrich y Javier Salinas
Enviada y corresponsal

San Salvador Atenco, Méx. 8 de septiembre. Jody Williams, la estratega que condujo la campaña mundial para lograr el tratado internacional para prohibir el uso de minas antipersonales –lo que le valió el premio Nobel de la Paz en 1997–, llegó ayer a San Salvador Atenco con toda la disposición de abrazar una nueva causa: la libertad de los 12 presos políticos del gobierno de Enrique Peña Nieto, convencida, según anunció, de la lucha justa de los pobladores de este municipio.

En un encuentro frente a la Casa Ejidal, en el cual el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) dio la bienvenida a la activista, participaron también mujeres de Chihuahua, Guerrero y Oaxaca. Tras escuchar las historias de abusos y persecución, relatadas por momentos al borde de las lágrimas, la premio Nobel aseguró que es falsa la premisa que plantean los gobiernos de países represivos y militarizados: elegir entre seguridad y derechos humanos. Nosotras queremos las dos cosas, destacó.

Luego se escuchó por teléfono la voz de Rodolfo Cuéllar, uno de los nueve presos en la cárcel de Molino de Flores, quien pidió a Williams que se convierta en nuestra voz, para que los reos no caigamos en el olvido. En ese momento la pacifista, quien se dijo muy enojada en mi interior porque no soy un Gandhi y mucho menos una madre Teresa, aunque no creo en la violencia, se comprometió a elaborar una carta, firmada por el mayor número de premios Nobel, para exigir al jefe del Ejecutivo, Felipe Calderón, la libertad de los detenidos por luchar contra la expropiación de sus terrenos en Atenco.

Martha Pérez, integrante del FPDT, le había explicado que gracias a esa lucha, en esa región de la cuenca texcocana, todavía hay maíz. A pocos pasos de ahí las integrantes del FPDT echaban en el comal tlacoyos de óptima calidad para dar la bienvenida a sus visitantes, dando prueba de lo antes dicho.

Jody Williams y su acompañante Patricia Ardón, de la organización Sinergia Noh, de Guatemala, lo habían constatado en su camino hacia el pueblo. Rodeados ya por las bases de enormes puentes y cimientos de futuros tréboles que unirán carreteras de ocho carriles entre México, Tlaxcala y Toluca, en medio de pueblos que ya han vendido a trasnacionales y dependencias gubernamentales casi todas sus tierras, que poco a poco van dejando su vocación campesina, los predios de los atenquenses lucían cubiertos de milpas a punto de dar sus elotes, flores de calabaza y girasoles de la temporada.

La estadunidense Williams, quien igual apoya movimientos de resistencia en Darfour (Somalia) que en Birmania, Colombia y Centroamérica, había escuchado antes a la amuzga Martha Sánchez, coordinadora de Mujeres Indígenas de Guerrero, hablar sobre la violencia y la impunidad que florecen en su estado, por lo cual las organizaciones populares se ven en la necesidad de salir del país para denunciar a escala internacional y así romper el cerco informativo y la satanización a que son sometidas aquí.

La oaxaqueña Maximina Rivera, de la Asamblea Popular de Pueblos de Oaxaca, expuso el paisaje de impunidad y miedo que quedó en su estado después de la represión desatada en 2006, con 26 homicidios sin esclarecer y decenas de casos de encarcelamientos injustos.

Dolores González Saravia, de Servicios y Asesoría para la Paz, alertó sobre el peligro de que a los ojos de la sociedad la militarización y la violencia se conviertan en la normalidad. Las actrices Ofelia Medina y Julieta Egurrola expusieron las metas y objetivos de la segunda fase de la campaña por el traslado de los presos Ignacio del Valle, Felipe Álvarez y Héctor Galindo a un penal estatal.

Por último, ante la fuerte carga de emociones y lágrimas que sazonaron cada una de las intervenciones, la guatemalteca Patricia Ardón, quien expresó su gratitud por la solidaridad de los mexicanos con sus compatriotas durante los años de la guerra civil en su país, subrayó que mientras podamos seguir conmoviéndonos quiere decir que vamos bien.

Cabe recordar aquí un caso opuesto: en mayo, otra guatemalteca y también premio Nobel, Rigoberta Menchú, no consideró conveniente suscribir un pronunciamiento en favor de los presos de Atenco.